Odiando a Mistetas

Como -supongo- ya leísteis en JNSP la crónica de la fiesta, sólo diré que me lo pasé muy bien y que fue muy entretenido, aunque la gente no bailó nada. Terminó a eso de las 3 y allí llegó nuestra gran indecisión. ¿Qué hacemos, qué cara ponemos? Alguien tomó las riendas de nuestras vidas y yo me dejé llevar totalmente, a un sitio horrible: la Sala Sorra. Y el que quiera, que traduzca del catalán.

Una vez allí, rodeados de tucanas*, los jenesaispoperos, Toledeitor y lady_olé & co. nos pusimos a bailar al ritmo de lo de Paulina Rubio, Chakira Chakira, Ricky Martin y todas esas cosas horribles. A destacar, las grandísimas aportaciones de Tata Golosa (y los micrófonos, que pasará a ser nuestra frase de este viaje, después de coño) y ese cierre final con sevillanas y Eros Ramazzotti. Nos dispusimos a irnos rodeados de las susodichas tucanas e incluso Patata y Toledeitor estuvieron a punto de enzarzarse a bofetones con algunas de ellas, que querían colarse en la cola del ropero, que resultó ser como Albania pero ahora.

Regresamos a casa en táxis (qué fácil nos ha resultado cogerlos en Barcelona, la verdad, con lo que es Madrid en este aspecto) y estuvimos a punto de vomitarle a conductor (que solo hablaba catalán) en toda la tapicería. Pero no porque hablase solo catalán -que eso en el fondo nos daba igual- más bien porque teníamos los estómagos hechos polvo. Le buscamos al señor nuestra calle en el callejero (financiación del GPS para los taxistas ¡YA!) y nos llevó hasta una churrería cerca de nuestra casa, porque había deducido por nuestra conversación que Piscu y yo estábamos a punto de hincarnos el diente del hambre que teníamos. Qué majo, la verdad.

Una vez subidos los 20 tramos de escalera que llevan a la residencia patatil, llegó el momento del terror: Patata fue al baño y de repente empezamos a oír ¡no, no, no puede ser verdad, no! Yo me acojoné pensando que la estaban violando o habían robado en la casa (¡ja! con el desorden que teníamos allí Piscu y yo como si eso se fuera a notar), y me acerqué a ver qué había sucedido. Pues resulta que nuestro querido Mistetas se había cagado DENTRO de MI maleta. Por suerte la ropa no estaba manchada, pero la plasta (ligerita, para más señas) estaba ahí. Así que a eso de las 6:30 de la mañana, ahí estábamos la Patata y yo, vestidos de fiesta, limpiando mierda de gato y metiendo mi portatrajes-ya-sé-que-es-más-grande-de-lo-que-debería-pero-este-tipo-de-maleta-no-hay-que-facturarla (thanks god for the nylon!) en la lavadora. Finalmente nos fuimos a la cama, no sin que antes yo hubiese maldecido a todo el reino animal.

A la mañana siguiente nos levantamos tardísimo, pero la Patata nos preparó una paella riquérrima con la que pudimos olvidar nuestras resacas y disfrutar de una perfecta tarde-no-me-voy-a-mover-del-sofá-ni-de-coña jugando al SingStar. Yo descubrí que Build Me Up Buttercup de The Foundations es la canción que se me da mejor del mundo, seguida por Always On My Mind de Pet Shop Boys. Con esas dos canciones, según dice el SingStar, canto bien. ¡Qué arte! ¡Por fin!

Poco a poco vencimos la pereza y nos duchamos para salir a cenar, en un restaurante de bocadillos ricos, ricos pero hechos con pan casero que hacen en el momento. Planet Farcit creo que se llamaba. Allí, en habiendo bebido bastante vino, montamos una que yo creía que nos iban a echar, sin parar de hablar de sexo, mentiras y cintas de vídeo. Nuestra conversación estaba entretenidísima (un poquito escatológica a veces) y yo me reía a carcajada limpia, pero sorprendentemente nadie llegó a llamarnos la atención (y la verdad es que entendería que lo hubieran hecho). Luego nos fuimos a tomar unas copichuelas, cambiamos la hora y a casa a dormir, que a la mañana siguiente, teníamos que estar en el aeropuerto a las 12, las antiguas 11. Por suerte, el gato no se había cagado esta vez.

El domingo desayunamos croissants que trajo Juice y pillamos el aerobús para ir al aeropuerto. El vuelo salió a su hora pero ni nos enteramos porque todos dormíamos como benditos. Una vez en Madrid, constaté que vivir solo es un horror. Da igual lo cansado que estés, porque cuando vuelves de viaje la lavadora la tienes que poner tú y nadie más que tú. Qué horror.

*TUCANA: Dícese del maricón (de extrarradio o no) que tiene los atributos propios de una tucana, siendo estos: pelo en cresta, mullet largo más o menos hasta los hombros, pecho descubierto y medio musculado (opcional), poros abiertos, piercings y tatuajes y completamente sudado después de una noche de fiesta con sus amigas las gayheteras mariliendres.
[Mood: Pues un poco así, así.]
[My iPod says: The Foundations – Build me up buttercup]

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5 Responses to Odiando a Mistetas

  1. Juice dice:

    ¡¡JAJAJAJAJA!! Pobre Misty. Échale parte de la culpa a la Patata, que creo haber descubierto que la culpa de la ligerez de estómago del gato son las tapas de yogur que le da tu amiga.

    Por cierto, el sitio se llamaba “Panet Farcit”, que quiere decir “Panecillo Relleno”. “Planet Relleno” mola, pero más para una cadena de restaurantes de comida rápida. ;-P

  2. pedroaguado dice:

    Qué poesía la de Tata Golosa, ¿verdad? Me encanta el momento “y ahora… ¡LOS TAMBORES!” y eso porque no has visto el videoclip, con la tía enseñando la etiqueta de su toti de Strafalarius a base de bien… Eso sí es arte.

    Respecto a lo de la fiesta y posteriores guateques, os envidio grandimenti, pero bueno, yo también tuve mi parte de zoofilia y conversaciones escatológicas este fin de semana.

    Y AHORA… ¡LOS TAMBORES! xD

  3. Tony Tornado dice:

    Pobre Mistetas…
    Pobre Faralolo…

    Asín que no ligaste…

    Reitero mi propuesta (y si no ves ande está el negocio, lo dejamos en gratis y ya, eh?)

  4. Fanmakimaki dice:

    Oye lo de la caca en la malete no tiene nombre.

    Y ese taxista que enciam de que casi le vomistais os lleva a una churreria.

    No mola Paulina

  5. verdeº dice:

    Me acuerdo yo de un gato de un compañero de piso que tuve (Cristóbal, Cristie para los amigos), que en cuanto podía se cagaba encima de mi cama. Había opción pis y caca+pis también, según le diese. Nunca en mi vida lavé tantas veces el edredón en tan poco tiempo. Por supuesto no lo volví a dejar entrar en mi habitación. Y mi Kotoi no hace esas cosas!

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