Todavía no tengo Internet en casa, así que no puedo actualizar desde allí. Me tendré que conformar con lo poco que vaya a poder escribir en el trabajo, así un poco por la mañana. Que por cierto, me he caído de camino al curro en las escaleras del metro y me he hecho un daño en el cuello que te cagas. Soy más torpe que cualquier otra persona que haya conocido nunca.
El viaje a Barna y la fiesta de Jenesaispop, de la que imagino pronto habrá crónica en el blog, fueron muy bien. Nos hemos divertido muchísimo y hemos disfrutado mucho del acontecimiento, la verdad, que fue mucho mejor de lo que nos esperábamos. Yo reconozco que me pasé todo el día francamente nervioso, pero bueno, la verdad es que al final nos quedó estupendamente y fue un placer volver a ver a algunos que ya habían venido a la del año pasado y a otros nuevos, que conocimos por primera vez. Ay, qué guay y qué Síndrome de Estocolmo ahora…
Eso sí, tengo una pequeña crítica a la ciudad de Barcelona, que como concepto me encanta. En particular, a su aeropuerto, que me parece que cada día funciona peor. El último día, cuando con toda la resaca de la fiesta, nos volvíamos para los madriles, sufrimos en nuestras carnes lo que sin duda podría haber sido el aeropuerto de Boswana, en lugar del de Barcelona. Tres mostradores abiertos para unas filas de más de cien personas y unas máquinas de auto check-in que funcionaban cuando les salía de la pepitilla. A nosotros no nos funcionó por motivos que desconocemos, así que como Rul estaba ya en la cola guardándonos el sitio, para allá que nos fuimos Angèle y yo. Lo típico, vamos. Encima teníamos el mismo localizador, así que ya me dirás tú.
Pues resulta que después de que a uno que estaba dos personas por delante de nosotros le robasen TODO el equipaje de mano mientras facturaba en el mostrador, vino un británico a montarnos el pollo. Toda su obsesión era que nos habíamos colado de mala manera y que nos fuésemos para atrás. Nosotros le explicamos que habíamos llegado un poco más tarde por unos temas y unas cosas que no vienen a cuento y que habíamos intentado hacerlo en una máquina, que la máquina daba error, y que nuestro vuelo se cerraba en escasos veinte minutos, así que teníamos un poco de prisa. Que los tres teníamos el mismo localizador y que nuestro paso por el mostrador iba a ser visto y no visto porque ni llevábamos maletas a facturar. Pues nada, el británico seguía emperrado en su perfecto inglés en que nos fuéramos para atrás.
A mí se me hincharon los huevos y solté un taco en inglés (fucking hell, ya ves tú) pero sin insultar a nadie. El tío me dijo que ya si que yo no pasaba delante de ningún modo, mientras sus amigos feos le jaleaban. Ahí nos dimos cuenta de que la cosa iba más allá: no sólo quería que nos fuéramos hacía atrás, ¡¡¡quería pegarse con alguien!!! Se notaba perfectamente en su forma agresiva de hablar, de moverse y de insultarnos, porque allí ya sí que empezó la debacle de los insultos: estúpido, cobarde, maleducado, gilipollas, patatín, patatán. Yo pasaba y no paraba de decir “it’s worthless to argue with you”. Ya cuando me dijeron “your parents should be proud of you” me di la vuelta y dije “yes, they’re very proud, thank you”. No sé, era todo como un despropósito muy grande, no entendíamos nada. Al final, cuando ya nos tocó, mientras seguía insultándonos por detrás (no se cansaba el tío, ¡menuda chapa!), se acercó por detrás y me agarró del brazo mientras agarraba mi maleta, intentándome sacar de la fila. Ahí ya sí que le dije que ni se ocurriera tocar mis cosas y mucho menos a mí, pero como no hice amago de pegarme con nadie (por favor, que con lo enclenque que era, si le doy un sopapo lo tumbo) porque pasaba mil de montarla y porque además no me sale ser así, pues el tío se quedó ahí frustradísimo y todo, mientras tardábamos escasos cinco minutos en sacar nuestras tarjetas de embarque.
Así que cuando llegamos a la puerta cincuenta, sin ningún correcaminos de por medio (¡no lo entiendo, si está a tomar por culo!), se lo dije a Rul y a Angèle: avión al Prat, nunca más. A partir de ahora, AVE. Eso si algún día llega a Barcelona, claro.
[Mood:
Ayer me tiré toda la tarde en el sofá, muerto...]
[My iPod says: Pues no estoy escuchando nada, la verdad...]