El otro día firmé un contrato leonino en el que vendía mi alma a una productora de televisión a cambio de poder participar en un concurso. Porque sí, al final participé, pero al igual que sucedió con Ann O’nadada, este contrato del que os hablo nos impide detallar más al respecto. Ya os iría avisando cuando vaya a salir, o no, que me da una vergüenza que me veáis en la tele que ni os lo imagináis. Prometo pensármelo, anyway. Y como decía el troll, prometo invitar a lo que haga falta en caso de que me lleve el premio o incluso de que no me lo lleve, especialmente si es alcohol, que ya sabéis que a mí cualquier plan que incluya alcohol me fascina poderosamente.
Después de salir de la tele el miércoles, Piscu, Lesbos y yo nos fuimos a tomar unos copazos y eso para liberar tensiones. Es increíble la cantidad de gente que hay en Madrid un miércoles ¿es que la gente no trabaja? Lo increíble también fue que ligué bastante, imagino que porque después de lo mal que se pasa y los nervios tienes una cara de relajación bastante especial, pero también porque tanto Piscu como yo íbamos maquillados como puertas, como si nos hubieran disparado con la pistola de maquillar de Homer Simpson. Esto estableció una pequeña barrera entre los tíos que se interesaban por mí y yo, principalmente porque me daba vergüenza acercarme y que se dieran cuenta no de que iba maquillado, sino de que llevaba una pátina de restauración encima. Terminé largándome a casa a las 3.30 y llegando con una poquita de resaca el jueves al trabajo, que por suerte era el último día de la semana, cosa que me permitió largarme a casa corriendo, dormirme un rato de siesta y prepararme de nuevo para salir. Fue fantástico porque quedé con Supervago y fuimos al Gris, que hacía siglos que no iba, pese a que fue mi bar preferido durante mi adolescencia. En el antro por antonomasia de Chueca (digo antro por lo oscuro, sucio, divertido y barato del lugar) se respiraba una tensión sexual increíble. Poco después se unieron Piscu y Kurai y como no sabíamos dónde ir un jueves (qué poco salimos de verdad), terminamos en ese cutre-bar llamado Why Not?, que es lo peor pero nos reímos una barbaridad. Yo, sin ir más lejos, era la primera vez que entraba.
Las cinco de la tarde fue la hora a la que tomé conciencia de nuevo el viernes, después de pasar por el Eboli. Los que salgáis por Madrid a menudo sabréis que acabar en el Eboli es acabar tarde de cojones, así que no hace falta que dé más explicaciones. La verdad es que hacía casi un mes que no salía hasta las tantas. Ann por fin volvió de su viaje de trabajo y Piscu y Joserra se acercaron a casa para ver una peli y ponernos gochos a hamburguesa, que yo al día siguiente tenía la entrevista con Milkyway (al final se retrasó al sábado) y no quería estar hecho una pena. Prontito a la cama y el sábado entrevista a Guille, que no os imagináis ni por asomo lo simpático, majo y adorable que es. Yo ya soy grupi de este chico para siempre. Por la noche la cosa fue acercarse a la fiesta de presentación de ‘La revolución sexual’ que había en el Elástico, donde Guille pinchó mucho j-pop y nos divertimos a porrillo, aunque no nos tocó nada en los sorteos. Y otra vez que me acosté a las mil.
Hay que ver, qué necesidad tenía yo de salir en plan destroyer de nuevo.
[Mood:
Believe it or not, estoy como una puta rosa]
[My iPod says: La BSO de Once, que estoy un poco atontolinao...]